• El Rey Trasgo

    La Ciudadela, silenciosa guardiana de la paz gobernada por tres naciones, vigila los reinos del hombre navegando los cielos. En un pueblo del frío norte, dos amigos descubrirán un libro vinculado a un enigma del ayer y a un hombre entre la vida y la muerte. Nacido de la pluma de un poeta, les descubrirá los secretos que moran en las montañas a través de una historia en la que conservar la vida vale más que conservar la humanidad. El mundo apura sus últimos latidos... Y en la cima de los Picos Negros, contemplando el paso del tiempo entre delirantes pensamientos, el Rey Trasgo aguarda el momento de construir sus sueños a partir de sus cenizas.

  • La Reina Oscura

    Álex, cuyo hermano ha quedado en estado de coma tras una grave enfermedad, se verá arrastrado por un siniestro personaje hacia un mundo fantástico. Allí deberá averiguar si su hermano se encuentra retenido por la Reina Oscura. Para ello se enfrentará a peligros insospechados con la ayuda de unos compañeros maravillosos, aunque algo peculiares.

  • El Letargo del Pájaro de Fuego

    Un virus desconocido está sumiendo en un extraño coma a los ciudadanos del planeta Arkadia. La doctora Aldrim, eminente científica, vuelve a su planeta natal para estudiar el virus y frenar su avance. Cuando regresa a Arkadia vuelve a sufrir el totalitarismo del gobierno arkaniano y la fuerza militar, que someten a la ciudadanía bajo la tiranía del poder. Recluida en una base militar buscará una cura para la plaga con la ayuda de su equipo.

  • La Lágrima de la Luna

    Existe un mundo más allá de la realidad, más allá de toda lógica, más allá de la razón. Allí, los sueños de todos los seres vivos conviven unos con otros y cualquier cosa es posible.

  • Butterfly. Ópera Espacial en 5 cuadros

    Más allá de los sistemas dominados por la Autoridad Interestelar, más allá de las galaxias conocidas y de toda civilización, les aguarda un mundo con tantas posibilidades como trampas naturales esperan a que caigan en sus redes...



No soy amigo de hacer críticas en caliente. Eso, los que me conocéis, ya lo sabéis. Me gusta dejar reposar el libro en mi mente, darle forma y consistencia a lo que he leído. Paladearlo, como un buen vino, centrándome en sus matices. Y entonces, opinar. Tampoco soy reseñador. Pero hay veces que no puedes dejar pasar la ocasión para alabar la calidad de algo que te ha tocado muy hondo.

Debo decir que, una vez más, Kelonia lo ha vuelto a hacer. Lo hizo con Alberto Morán Roa y su “El Rey Trasgo”, y lo han vuelto a hacer con M. Braceli y su “Orpheus”. Han vuelto a publicar una joya, un libro que está llamado a convertirse en referencia en los próximos años.

“Orpheus” es la novela que salió premiada en el Certamen Domingo Santos de 2012. No puedo estar más de acuerdo con el premio y con la decisión del jurado. “Orpheus” es una novela diferente, de esas que pillas una entre cientos a lo largo de tu vida lectora. Lo sabes desde que la abres y lees la primera frase. Lo sabes cuándo conoces a los personajes, y lo sabes cuándo te ves atrapado en la magnífica prosa de Braceli. Este chico es un genio. Escribe como me gustaría escribir a mí. Envidio la cadencia de su prosa, la poética que alcanza en ocasiones. Envidio su capacidad para crear ese mundo, para meternos en él y para hacérnoslo real. Envidio su pericia para crear un personaje como Orfeo, para hacerme empatizar con él, para hacerme sentir lo que él siente en cada momento. Envidio su capacidad para hacerme parar y releer un párrafo, no por no haberlo entendido, sino por su brillantez. Envidio su capacidad para hacerme llorar con un libro, algo que nadie había conseguido hasta ahora. Si algún día soy escritor, si algún día consigo dejar de ser un mero emborronador de páginas, quiero escribir como Braceli. 

“Orpheus” es ciencia ficción, pero podría ser mitología. Y podría no ser ninguna de las dos cosas. Es un juego, pero podría no serlo. Como esas grandes novelas, tipo “Hyperion”, que son muchas cosas y a las que se les quedan pequeñas las etiquetas. No, no voy a hacer un resumen del argumento. Quiero que la leáis. Quiero que lleguéis a Ende (precioso homenaje al que para muchos es el “padre” de nuestra vocación) y que os juntéis a Orfeo, que nos os separéis de su lado. Que conozcáis a su hermano, Morfeo, y a ese tramposo que es el Rey de las Ratas, . Quiero que os enamoréis de Eurídice, perdidamente, como solo se ama una vez en la vida, con ese amor loco que nace de la sinceridad del alma. Quiero que odiéis a SAITO y a Dominic, que temáis al castillo y a las sirenas. Caed bajo su influjo, dejaos llevar. Viviréis una experiencia que dudo mucho seáis capa de olvidar.

Braceli es jugador de grandes ligas. La forma en que da la vuelta a varios mitos (Orfeo y Eurídice, Adán y Eva, Lilith, los Titanes, Prometheo, Morfeo… y tantos otros que seguro se me han pasado) es más propia de un autor que lleva años en esto que de un escritor que empieza. He leído novelas de autores consagrados mucho peor resueltas y escritas que esta, con mucha menos densidad y muchísimas más páginas. Y como maneja la narración, como la encaja pieza a pieza, como un reloj suizo. Es brillante. Te cuenta tanto en tan pocas páginas, que no te das cuenta de la dimensión del viaje que has emprendido hasta que no has llegado a su fin. Y como consigue conmoverte, como te deja con la boca abierta al final, haciéndote pensar. Yo aún sigo dándole vueltas a varias cosas, porque como novela de ciencia ficción deja varias ideas en el aire a las que hay que darle vueltas. Y a los que os gusten los acertijos os aviso que los símbolos que acompañan en encabezamiento de cada capítulo son un acertijo que este torpe aún anda resolviendo.

Resumiendo, que es una novela que nadie, repito, nadie, que se considere fan de la ciencia ficción debería dejar de leer. Y aconsejo a muchos escritores que la lean. Aprenderán muchas cosas, eso seguro.

Mil gracias a Kelonia por arriesgar con obras como esta, o como la que cité anteriormente. Novelas así son las que me hacen mantener la fe en esto de la literatura. Mientras haya editoriales como ellos, que cuiden así a lectores y autores, y mientras haya escritores como Braceli o como Alberto, el mundo seguirá leyendo.


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